El álbum de cromos de la Caja de Ahorros

Según consta en el colofón, el día 12 de enero de 1963 –”víspera de la festividad de la Sagrada Familia, patrona de las cajas de ahorro”– terminaban los trabajos de impresión del “Álbum de Valladolid”. La publicación fue una iniciativa de la desaparecida Caja de Ahorros Provincial –fundada por la Diputación de Valladolid en 1940– ideada “con la ilusión de que los jóvenes impositores, los niños, se distraigan buscando los cromos para conseguir su colección […] para que con ellos aprendan algo tan importante como conocer la tierra donde viven”.

Los cromos, en realidad reproducciones en papel fotográfico de 5,5 x 4 cm, se conseguían en las oficinas de la entidad cuando se realizaba un ingreso y debían pegarse en los recuadros numerados del álbum, donde esperaba una breve explicación a la imagen.

Los textos, a medio camino entre la lírica y la descripción histórico artística, fueron escritos por Jesús Vasallo Ramos (Ciudad Rodrigo, 1919 – Madrid, 1993), poeta, guionista cinematográfico y director del diario Libertad entre 1956 y 1960. Vasallo, que para este trabajo contó con el asesoramiento del director de Museo Nacional de Escultura, Federico Wattenberg, fue también presidente de la Federación Nacional de Periodistas y Escritores de Turismo.

El álbum tiene 56 páginas de 23,5 x 32 cm, encuadernado con espiral, y fue realizado por Impresos Gerper (acrónimo de Gerardo Perdiguero). No consta quién o quiénes fueron los autores de las fotografías. Los álbumes estaban numerados y personalizados. El que hemos utilizado para este texto, propiedad de Alfonso Panedas Tuvilla, es el nº 007791, correspondiente a la libreta de ahorros 5.059.

Excepto cuatro páginas dedicadas monográficamente a los castillos (solo se tratan nueve), el álbum se capitula siguiendo la división de los antiguos partidos judiciales, con un texto introductorio, un dibujo a página completa y doce fotos por partido. No aparecen, ni mucho menos, todos los pueblos de la provincia.

3 fotos de Mucientes

En el capítulo dedicado al partido judicial de Valoria la Buena figuran siete de los veintiseis pueblos de su antigua jurisdicción; con una foto: Trigueros del Valle, Corcos y Amusquillo; con dos: Cigales, Encinas de Esgueva y Valoria; y con tres, Mucientes: la torre de la iglesia, la cruz procesional y la antigua portada de iglesia de san Miguel reinstalada en la “casa de las Noriegas”.

Además de la capital –frontera en el pago de Navabuena–, los tres pueblos limítrofes con Mucientes también tiene sus imágenes: Cigales (del partido de Valoria), Villalba de los Alcores (del de Medina de Rioseco) y Fuensaldaña (del de Valladolid).

Felipe Panedas. Mucientes 27.07.2020

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Foto J. Vasallo: http://www.fepet.info

El Centro Etnográfico Joaquín Díaz tiene digitalizadas prácticamente todas las fotos que aparecen en el álbum. Pueden encontrarse en el enlace: https://funjdiaz.net/basefotos2.php?ID=47

El ladrillo romano estampillado “Of(ficina) Mers(ii?)”

“En Mucientes, villa de la provincia de Valladolid, distante dos leguas al Norte de esta ciudad, se han encontrado muchos instrumentos de piedra de la época neolítica de diferentes tamaños…” Así comienza el informe (Boletín de la Academia de la Historia, noviembre de 1893, cuaderno V, tomo 23) de Fidel Fita Colomé, historiador jesuita y experto en epigrafía romana, que responde a una carta en la que un particular llamado José Sánchez Saravia, le describe el hallazgo en Mucientes a nivel superficial de un “trozo de ladrillo” que tiene forma “que parece ser la de las tejas romanas“, en un sitio donde “muy próxima existió una ermita”.

Se conservan (Archivo de España de la Compañía de Jesús, Alcalá de Henares) las tres hojas manuscritas donde Saravia describe las circunstancias del hallazgo de este y de otros materiales arqueológicos (una punta de lanza de cobre, objetos de pedernal, sepulcros romanos, una urna cineraria, monedas…) y referencias a algunos hechos históricos relacionados con Mucientes, además de una cuarta hoja con el “calco” de la inscripción de la tégula.

Fidel Fita confirmó que, en efecto, el fragmento era de origen romano y lo describe “de figura casi triangular, mide 0,23 m. así de alto como de ancho. La rotura pasa á mano derecha por la primera letra de la estampilla (0,03 por 0,18) que debe leerse hacia la izquierda: SREMFC, Of(ficina) Mers(ii?). Es análogo este sello de fábrica á otro de Elche (Hübner, 6257, 119): OF·MERC, Of(ficina) Merc(ii?)”.

El informante, José Sánchez Saravia (con el que ya nos habíamos encontrado en la entrada El curioso caso del extrañamiento del obispo de Lugo en Mucientes), fue un hombre culto, adelantado a su tiempo, agricultor acomodado, muy interesado en la arqueología y propietario de una gran biblioteca repartida entre sus casas de Mucientes (calle Salinas, nº 5) y Madrid (¿puente de Vallecas?).

Las referencias arqueológicas a Saravia no terminarán ahí. Veinte años después del informe de Fita volveremos a encontrarlo con una aportación a la “Exposición Regional de Pintura, Escultura y Fotografía y Provincial de Arte Antiguo“, que se celebró entre los días 12 de septiembre y 20 de octubre de 1912, en la hospedería del colegio de Santa Cruz, sede de la Escuela de Artes y Oficios de Valladolid. El capítulo dedicado al “arte antiguo” reunió piezas prestadas por la Iglesia, instituciones y particulares como el cardenal Cos, el arquitecto Juan Agapito y Revilla o nuestro José Sánchez Saravia: veintidós hachas pulimentadas aportó a la exposición. Desgraciadamente no conocemos más detalles, ni el lugar o lugares donde encontró las piezas, ni su datación ni el paradero posterior.

Estanislao Salcedo

Curiosamente, en aquellos días no fue Sánchez Saravia el único acopiador de testimonios arqueológicos romanos en Mucientes. Hay un segundo “propietario principal”, llamado Estanislao José de Salcedo, que el 9 de noviembre de 1906 le cuenta por carta a Cesáreo Fernández Duro, secretario de la Real Academia de la Historia, que está “reuniendo algunas antigüedades romanas, halladas en una finca de mi propiedad, descubiertas al construir una carretera”.

Salcedo administraba su labranza y, además, ejercía la abogacía. Escandalizado por el estado de abandono de los documentos del archivo de la Real Chancillería y más tarde aliviado por las primeras intervenciones de conservación, firmó el 31 de mayo de 1906 un informe que publicó la Academia en noviembre de ese año. Precisamente en la misma misiva en la que rogaba a Fernández Duro que le enviara un ejemplar del Boletín donde aparecía su artículo, añadió una posdata donde le hablaba de las “antigüedades” romanas y le informaba de que sus descubrimientos “no son los únicos hallados en el término, donde abundan objetos de la edad de piedra, como hachas, azadas de silex (que han ido a parar a otras manos) pues la villa es antiquísima”. Esas “otras manos” es probable que fueran las de Sánchez Saravia.

Estanislao Salcedo, que tenía casa en el nº 6 de la plaza de san Miguel de Valladolid, debió fallecer en septiembre u octubre de 1914; en su necrológica se afirmaba que “conocía muy bien las genealogías de las familias de otros tiempos en la comarca, y había sido investigador de noticias, sirviéndole de fuente el Archivo de la Chancillería” (Boletín S.C. Excursiones, 11.1914, p. 552).

Felipe Panedas. Mucientes, 21.07.2020. Ampliado el 31.07.2020

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Las imágenes proceden de la biblioteca virtual Miguel de Cervantes: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/informe-de-j-sanchez-saravia-a-f-fita-adjuntandole-el-calco-de-una-tegula-con-inscripcion-latina-de-un-ladrillo-hallado-en-mucientes-valladolid-tambien-le-informa-sobre-los-monumentos-y-hechos-importantes-acaecidos-en-la-villa/html/

Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 23 (noviembre 1893). Cuaderno V

Informe de J. Sánchez Saravia a F. Fita adjuntándole el calco de una tegula con inscripción latina de un ladrillo hallado en Mucientes (Valladolid). También le informa sobre los monumentos y hechos importantes acaecidos en la villa

S. ANDRÉS ORDAX (2020): “La Exposición Regional de 1912 en el colegio Santa Cruz de Valladolid: Moisés de Huerta y Ramón Núñez”, TRIM, 18: 5-33.

Manuscrito de Estanislao Salcedo “El Real archivo de la Chancillería de Valladolid”, disponible en http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/informe-sobre-el-estado-del-real-archivo-de-la-chancilleria-de-valladolid/html/de42760e-2dc6-11e2-b417-000475f5bda5_1.html Texto publicado en el Boletín: http://www.cervantesvirtual.com/obra/el-real-archivo-de-la-chancillera-de-valladolid-1/

Carta dirigida a Cesáreo Fernández, disponible en: http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/carta-en-la-que-se-agradece-la-memoria-sobre-el-estado-del-real-archivo-de-la-chancilleria-de-valladolid-tambien-se-da-noticia-del-hallazgo-de-antiguedades-romanas-y-objetos-de-la-edad-de-piedra-en-el-termino-de-mucientes/html/de427d0c-2dc6-11e2-b417-000475f5bda5_2.html

C. DUQUE HERRERO (1997): Mucientes: Historia y Arte.

El asombroso milagro de la Virgen del Carmen en Mucientes

Después de haber sido separada la cabeza del busto a un niño por su propio padre: la Virgen María del Carmen se lo une y le da una nueva vida.

En la tierra de Mucientes, en España, en el año 1661 vivía un campesino pobre pero bien nacido y de familia respetable. Estando este el 14 de agosto de dicho año segando un campo en compañía de su esposa y de un niño pequeño, acosado por la fatiga, el calor y la sed, le dijo a su hijo: Toma esta jarra pequeña y busca agua, que me muero de sed. El niño respondió: ¿dónde quieres que vaya a buscar? El padre dijo que fuera a una ermita, que no estaba lejos de allí, que pertenecía a Nuestra Señora del Carmen, donde la Santísima Virgen se había aparecido en el pasado, y en memoria de ello construyeron la mencionada ermita. Tomando el niño la jarra que era de barro, fue a la ermita, donde entró, colocó la jarra en el altar y, sin tener en cuenta la necesidad de su padre, permaneció con curiosidad de niño mirando y remirando las pinturas que allí había. Al final, queriendo salir de la ermita, desafortunadamente la jarra se rompió. Temeroso de tocarlo, no se atrevió a aparecer donde estaba su padre, quien, al ver la demora y tardanza de su hijo, le dijo a su esposa que fuera a buscarlo. Ella obedeció de inmediato, y encontró a su hijo en la calle, que llevaba agua en el sombrero, y llegando donde estaba el padre, no se atrevió a acercarse a él por miedo al castigo. El padre lo regañó, obligándolo a ir, pero temeroso no quiso obedecerle.
Cuando llegó, corrió detrás de su pequeño hijo ferozmente enojado y cuando llegó, le cortó el cuello con una hoz separando la cabeza de su torso. Dándose cuenta inmediatamente del error que había cometido, lleno de miedo huyó y se escondió en la ermita.
La madre, que vio con sus propios ojos la mayor y más extraña desventura, tomó el cuerpo en sus brazos, y en la mano la cabeza de su hijo, estando más muerta que viva, cayó inconsciente, luego volvió a sí misma y tomó de su pecho una imagen de Nuestra Señora del Carmen [indudablemente cosida en el S. Escapulario], y derramando de sus ojos un torrente de lágrimas dijo: Santísima Virgen del Carmen, Madre piadosísima y Abogada de tus devotos, protégeteme, ayúdame, devolviendo la vida a mi pobre hijo. Tan pronto como hizo esta súplica, y volviendo la cara, vio que había una Mujer cerca de ella, que le preguntó sobre el accidente, con brevedad fue informada de ello y luego la Virgen María (que era precisamente la Mujer) tomó el cuerpo del niño junto con su cabeza, y lo limpió de la tierra, y de la sangre, que había hecho barro, acercó su cabeza al busto y le dio un nuevo espíritu y vida, y dijo que fueran a la ermita, que encontraría en ella al marido y padre, y todos publiquen el éxito, para que los cristianos den gracias a su Divino Hijo, y reciten el Credo tres veces, como era conveniente, y a ella una Salve Regina; y dicho esto desapareció. Fueron llenos de júbilo y alegría la madre y al hijo hacia la ermita, y como la Gloriosa Consoladora de los afligidos les había dicho, encontraron allí al padre y marido y agradeciéndole con las más vivas expresiones de sus corazones, a su celestial Benefactora, la Santísima Virgen María del Carmen, publicaron el gran Milagro.

SIMONE GRASSI (1727): Milagros y gracias de la Santísima Virgen María del Carmen, pp. 242, 243 y 244. Traducción del texto original: Gloria Martín Martín.

El libro y la Virgen

En 1727, la imprenta de Michele Nestenus, y Francesco Moucke, publicó en Florencia el libro Miracoli e grazie della Santissima Vergine Maria del Carmine, escrito por el carmelita italiano Simone Grassi. El autor, que falleció antes de ver impreso su texto, había recopilado obras y testimonios de varios escritores y ordenado en 23 capítulos los eventos prodigiosos atribuibles a la intervención de la Virgen del Carmen, según las circunstancias en que se produjeron. El milagro que Grassi sitúa en una ermita de Mucientes aparece en el capítulo 18, titulado “Maravillas y gracias en resurrección y muerte”.

La devoción por Nuestra Señora del Carmen es de larguísima tradición en España. Tuvo su inicio en el monte Carmelo (Israel) cuando el 16 de julio de 1251 la Virgen se le apareció a Simón Stock y le entregó un escapulario, asegurándole que aquel que lo llevara se libraría del infierno.

Aunque en Mucientes otras advocaciones marianas –Nuestra Señora del Rosario, la Dolorosa o, naturalmente, la Virgen de la Vega– tuvieron más seguimiento popular, a la Virgen del Carmen nunca le faltó su Novena. La imagen que ahora se venera procede de los talleres de Olot y –como recuerda una placa adherida a la base– fue adquirida por Macario Tomillo y María Bastardo, que la donaron a la iglesia el día 25 de noviembre de 1923, siendo ecónomo Indalecio Marinero.

Virgen del Carmen. Olot, s.XX. Iglesia de san Pedro. Mucientes

Como ni la tradición oral, ni ninguna de las personas de edad a las que hemos preguntado recordaban haber oído hablar de este milagro en Mucientes, no podemos por menos que agradecer a Simone Grassi (y a internet) que hayan iluminado nuestra ignorancia: laus Deo, et beatae Virgini Mariae de monte Carmelo.

Felipe Panedas, Mucientes 15.07.2020.

“El dolor de una reina enamorada”, por Francisco Mendizábal

La Revista Ilustrada Blanco y Negro, fundada en 1891 por Torcuato Luca de Tena (fundador también en 1903 del diario ABC), publicó en su número del 17 de julio de 1927 un artículo firmado por Francisco Mendizábal García (1885-1976) –poeta, escritor y director del archivo de la Real Chancillería– que narra en tono lírico la estancia de la reina Juana de Castilla en el palacio de Mucientes.

La residencia durante unos días de Juana y de su marido Felipe I el Hermoso se corresponde con la celebración de las llamadas “Cortes de Mucientes” en 1506, “el episodio más documentado y, sin duda, el de mayor relevancia a nivel histórico que ha tenido lugar en la localidad a lo largo de toda su historia. D. Felipe y D.ª Juana se aposentan en la fortaleza a la espera de las Cortes que se celebrarán en Valladolid para jurarles como herederos de la corona castellana. La idea de D. Felipe es reunirse con los representantes de las Cortes para ganarse sus votos y hacer recluir a su esposa por demente […] Mucientes es una etapa intermedia de maquinaciones, conspiraciones e intrigas. Las crónicas no fijan las fechas exactas de estancia, aunque se deduce por los documentos que firma D. Felipe en Mucientes los días 7 y 8 de julio de 1506.” (C. Duque, Mucientes: historia y arte, p. 67).

A pesar de las intimidaciones y presiones –el obispo de Toledo amenazó a López de Padilla con tirarle desde la torre de la iglesia si no se postulaba a favor del rey–, la oposición de los nobles más influyentes impidió a Felipe salirse con la suya y finalmente las Cortes juraron a los reyes en Valladolid el 12 de julio.

El final de la historia es por todos conocida: Felipe moriría en Burgos el 25 de septiembre de ese mismo año y, en 1509, Juana sería recluida en el palacio real de Tordesillas de por vida, por orden de su padre, el rey Fernando el Católico.

Felipe Panedas. Mucientes, 07.07.2020

Imágenes: Blanco y Negro. nº 1887. Madrid, 17.07.1927

Solteros 1-0 Casados

Finalmente, el equipo de solteros se llevó el “trofeo Fiestas de san Pedro 1955”, disputado a partido único en la era de doña Magdalena de Mucientes. El solitario gol de Antonio Gallo ante la meta defendida por Lorenzo Saravia, sería suficiente para doblegar a los Casados capitaneados por Calixto Escudero.

Antonio Gallo, Amelia Centeno, Felipa Toral, Calixto Escudero y Herminio, árbitro del encuentro.

En los prolegómenos del partido, Felipa Torcal y Amelia Centeno, madrinas respectivamente de los equipos de casados y de solteros, recibieron un ramo de flores. Arbitró el partido el secretario del Ayuntamiento, don Herminio.

El partido se disputó a puerta abierta y no hubo necesidad de recurrir en ningún momento al VAR.

El equipo de Casados posa junto a su madrina Felipa Torcal. De pie, de izquierda a derecha: Santos Herrero, Florencio Ortiz, Santos Escudero, Julio Centeno, Tomás Redondo y Fernando Saravia. Agachados: Lorenzo Galindo, Pepe Puente, Calixto Escudero, Lorenzo Saravia y Turiano Vaquero.

Imágenes e información facilitada por Angelines Escudero e Isaac “Casito” Santillana. Mucientes, 19.06.2020

Los 368 propietarios de viñas en 1945

El Archivo Municipal de Mucientes conserva un Censo, fechado en febrero de 1945, titulado Características parcelarias de la riqueza rústica de Mucientes. El documento se estructura en dos tomos; el primero (104 páginas) contiene los planos de los 78 polígonos y su división parcela a parcela; el segundo es la relación nominal de todos los propietarios con la extensión de cada finca y su aprovechamiento. El término municipal estaba dividido en, aproximadamente, 6.700 parcelas, la mayoría dedicadas al cultivo de cereal.

El viñedo se concentraba al sureste del término municipal, con una extraordinaria fragmentación de la propiedad. Las viñas más pequeñas aparecen con una superficie de 335 m2 (no darían para más de 70 cepas); la más grande, en el polígono 7 –entre el camino de Corcos y la carretera a Cigales–, ocupaba 42.844 m2 (con alguna pequeña construcción ya en desuso, este viñedo conserva en 2020 prácticamente el mismo aspecto que tendría entonces). En la “Bodega-Aula de interpretación” puede verse un gran mapa con todas las parcelas detalladas en el Censo.


Aunque en aquellos días en Mucientes no habría más de 250 familias (1.300 habitantes), la “democratización” del viñedo era tal que el inventario relaciona nominalmente 368 propietarios. Con más o menos cepas, se puede decir que la gran mayoría de las casas tenían al menos una viña.

Buena parte de la uva recogida se destinaría a la producción de vino para la venta y exportación –fundamentalmente a Valladolid y Tierra de Campos–, pero la cantidad destinada al autoconsumo familiar no sería menor, estrujando y fermentando el mosto en la bodega del propio viticultor (205 propietarios de bodegas calcula Carlos Duque en Vino, lagares y bodega).

Un viñedo en el páramo. Archivo Polentinos (Fototeca del Patrimonio Histórico)

Esta es la relación (a modo de recordatorio y homenaje) de aquellos titulares de viñedos de hace 75 años, abuelos y bisabuelos de los que hoy han convertido la vinicultura mucenteña del siglo XXI en su industria más pujante:
Niceto Alcalde Centeno · Valentín Alcalde Escudero · Isabel Alcalde Moral · Emerenciano Alcalde Vaquero · Concordia Alonso Centeno · Lorenzo Alonso Gómez · Lorenzo Alonso González · Cipriano Alonso Panedas · Felipe Alonso Panedas · Félix Alonso Panedas · Esteban Alonso Redondo · Isaac Alonso Redondo · Isaías Alonso Redondo · Dionisia Arenas Carrascal · Ciro Barrigón Barrigón · Victorino Barrigón Barrigón · Victorino Barrigón Centeno · Victoriano Barrigón Escudero · Florencia Barrigón Gómez · Florencia (¿o?) Barrigón González · Felisa Barrigón Herrero · Francisco Barrigón Herrero · Luis Barrigón Herrero · Sergio Barrigón Martín · Gregorio Barrigón Bastardo · Nicolás Barrigón González · José Barrigón Herrera · Francisco Bastardo (hros de) · Juan Bastardo Alcalde · Florencio Bastardo Alonso · Canuto Bastardo Cocinero · Francisco Bastardo Cocinero · Benigno Bastardo Escudero · Florentino Bastardo Lora · Hermenegildo Bastardo Lora · Florencio Bastardo Olmedo · Eleuterio Bastardo Panedas · Fructuosa Bastardo Panedas · Justiniano Bastardo Panedas · Martiniano Bastardo Panedas · Bernabé Bastardo Redondo · Gregorio Bastardo Redondo · Martiniano Bastardo Redondo · Valentín Bastardo Redondo · Faustino Bastardo Zalama · Guillermo Bastardo Zalama · Lino Bastardo Zalama · Felipe Bejerano Valverde · Segnorina Benavente Redondo · Raimundo Bodero Labrador · Ángel Buy Vaquero · Doroteo Cabero González · Eleuterio Cabeza Galindo · J. Bautista Cabeza Gómez · Doroteo Cabeza González · Isabel Cabeza · Clemente Carranza Merino · Rufino Casado Díaz · Gabriel Casado Estébanez · Benigno Castaño Escudero · Isidro y Pedro Centeno Alonso · Pilar Centeno Alonso · Abrahán Centeno Barrigón · Antonio Centeno Herrera · Sabino Centeno Herrera · Dionisio Centeno Paunero · Macario Centeno Paunero · Samuel Centeno Paunero · Eutiquia Centeno Redondo · Eutiquio Centeno Redondo · Pedro Centeno Santillana · Argimira Centeno Sarabia · Emilio Centeno Sarabia · Esteban Centeno Sarabia · Eutiquio Centeno Sarabia · J. Crisóstomo Centeno Sarabia · J. Cristóbal Centeno Sarabia · Sinforiano Centeno Sarabia · Teresa Centeno Sarabia · Leandro Centeno Vaca · Eladio Centeno Valbuena · Florencio Cocinero Quirós · Nicolás Cocinero Zalama · Alejandro Crespo Cebrián · Enrique Díaz Martínez · Esteban Duque Duque · Mariano Duque Duque · Mauro Duque Pinacho · Isaac Escudero Bastardo · Juan Escudero Bastardo · Aureliano Escudero Blas · Claudio Escudero Conde · Félix Escudero Escudero · Lucas Escudero Escudero · Dionisio Escudero Gómez · Alejandro Escudero Herrera · Baldomero Escudero Herrera · Daniela Escudero Herrera · Eladio Escudero Herrera · Eusebio Escudero Herrera · Mariano Escudero Herrera · Nicolás Escudero Herrera · Ponciano Escudero Herrera · Nicolás Escudero Herrero · Pedro Escudero Herrero · Claudia Escudero Mintegui · Juan Escudero Moral · Orosita Escudero Ruizdalday · Ignacio Escudero Santillana · Genara Escudero Sarabia · José Escudero Sarabia · Juana Escudero Sarabia · Tomás Escudero Sarabia · Calixto Escudero Zalama · Emiliano Escudero Zalama · Petra Escudero Zalama · Toribio Escudero Zalama · Luis Fernández Delgado · Carlos Fernández González · Flora Fernández González · Santos Fernández González · Tomás Galindo Alcalde · Juan Galindo Escudero · Dionisio Galindo Marcos · Ildefonso Galindo Pinacho · Vicente Galindo Pinacho · Eloísa García Noriega · Eustasia García Valverde · Pascual García Valverde · Paula García Valverde · Victorino Gil Crespo · José Gil Santillana · Donato Gómez Alcalde · Valentín Gómez Alcalde · Víctor Gómez Alcalde · Raimundo Gómez González · Liborio Gómez Romero · Telesfora González (hros de) · Manuel González Alonso · Luciano González Cocinero · Evaristo González Escudero · Telesforo González Escudero · Luis González Fernández · Evaristo González Gómez · Francisco González Herrera · Francisco González Herrero · Manuel González Herrero · Adolfo González Merino · Gonzalo González Merino · Fermín González Vaca · Ciriaco González Varona · Fermín González Vázquez · Laureano Herrera Alonso · Felipe Herrera Centeno · Saturnino Herrera Labrador · Adolfo Herrera Moral · Domingo Herrera Moral · Tomás Herrera Moral · Millán Herrera Soto · Ponciano Herrera Zalama · Ricardo Herrera Zalama · Felipe Herrero Centeno · Jacinto Herrero Moral · Claudio Herrero Pinacho · Felipe Herrero Santillana · Pablo Herrero Santillana · Eutiquio Herrero Soto · Pedro Lara Bueno · Fernando Lara Zalama · Raimundo Martín León de · Miguel Martínez González · Sotero Martínez Platón · Felipe Martínez Rodríguez · Benito Mata Moratinos · Eusinia Matilla (hros de) · Vicente Merino Bastardo · Liborio Merino Merino · Félix Merino Redondo · Cirilo Merino Rodríguez · Eusebio Mieres de la Fuente · Salvador Mieres Redondo · Indalecio Mintegui Herrero · Victoriano Mintegui Herrero · Jacinta Mintegui Vaquero · Saturnino Mintegui Vaquero · Julián Mongil Bastardo · Juan Moral Duque · Gonzalo Moral Fernández · Genoveva Moral González · Bentura Moral Vaca · Frutos Muñoz Alcalde · Florencio Muñoz Alonso · Justo Muñoz Alonso · Paulino(¿a?) 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Felipe Panedas. Mucientes, 13.06.2020

Un rayo mata a cinco hombres en la ermita

Aquel domingo 12 de junio de 1892 el noroeste peninsular amaneció lluvioso, amenazante y gris. A lo largo de toda la mañana, miles de rayos y algunas trombas de agua convirtieron la jornada de “cumplimiento de preceptos de la iglesia romana” en un día “calamitoso para los fieles católicos”, hasta el punto de parecer que “la Providencia eligió los templos para descargar sus iras”.

El viento, la lluvia, los truenos, relámpagos y exhalaciones fueron causando daños, cuando no estragos, en personas y bienes. Especialmente graves fueron en Orense, donde a primera hora “un individuo resultó contuso” en la capital y diez personas resultaron muertas y veinticinco heridas en la iglesia de Melias –en el concejo de Coles– alcanzadas por un rayo que entró por la torre. A la una de la tarde, en Burgos, en medio de “horrorosos truenos precedidos de inmediatos relámpagos”, una chispa eléctrica derribó algunas piedras del crucero en la catedral que al caer rompieron parte del tejado. El fluido descargó muy cerca de una hija de la campanera “siendo una de las personas que mayor susto recibió”.
Por la tarde, y ya en la provincia de Granada, “la descarga eléctrica asfixió a un pastor, causándole la muerte en acto, y, de las cabezas de ganado lanar, más de 60 murieron instantáneamente”.

La “horrible tempestad” no libró Mucientes y el pueblo sería noticia en buena parte de la prensa nacional del momento. Algunas informaciones se redactaron de manera precipitada y situaron la desgracia en la iglesia parroquial o hablaban de la “torre de la ermita”… En cualquier caso, cribando los datos más repetidos y las noticias de días posteriores, podría reconstruirse con bastante fiabilidad aquel acontecimiento.

Primera misa

“En este momento [11.45 h.] recibo noticias particulares del horroroso suceso ocurrido esta mañana [12 de junio] en el inmediato pueblo de Mucientes…” comenzaba su crónica un redactor local que parecía dar la exclusiva periodística: “en Valladolid no han circulado todavía noticias de la desgracia”.

Aquel día, a primera hora, los vecinos del pueblo estaban citados en la ermita de la Virgen de la Vega para asistir “al sacrificio en que cantaba por vez primera la Epístola un joven sacerdote”. Ese sacerdote era un “joven hijo del pueblo, alumno del Seminario de Valladolid”.

“La ermita se hallaba completamente llena” cuando en el transcurso de aquella primera misa “penetró un rayo por la ventana de la cúpula que ocasionó la muerte instantánea de cinco personas y produjo contusiones y quemaduras a otras muchas”. Es fácil imaginar el desconcierto y pánico del momento y como las “personas que ocupaban el templo huyeron despavoridas exhalando gritos de terror”. Aquella precipitación incrementó la nómina de damnificados: “la confusión y el pánico originaron nuevas desgracias, porque todos los fieles pretendieron salir a un mismo tiempo atropelladamente, y hubo caídas, fracturas y heridas”. El número de heridos, dependiendo de las fuentes, oscilaría entre diez y quince.

Los cinco fallecidos fueron varones “dos jóvenes de 14 años y tres hombres casados”, lo que nos llevaría a situar el impacto del rayo en el lado del Evangelio, que era el lugar que ocupaban los hombres cuando “la decencia” separaba por sexo y edad a los fieles en el interior de los templos.

“El pueblo hállase profundamente impresionado por tan terrible suceso” terminan asegurando la mayoría de las crónicas, porque “la impresión que ha causado dicha desgracia es grandísima”.

Quince meses después, el 15 de septiembre de 1893, otra inmensa tormenta provocará inundaciones en la zona inferior del casco urbano, donde algunas casas resultaron “con inminente peligro de ruina, y perdieron sus propietarios cincuenta mil cántaras de vino de la cosecha pendiente”.
Pero esa es otra historia.

Felipe Panedas. Mucientes, 11.06.2020

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Periódicos consultados:
—13.06.1892: La Justicia (Madrid, p. 2); La Paz (Murcia, p. 3); La Correspondencia de España (Madrid, p. 3); Diario de Burgos (pp. 3 y 15); El Día (Madrid, p. 3); El Heraldo de Madrid (p. 2); El Correo español (Madrid, p. 2).

—14.06.1892: La Correspondencia de España (Madrid, p. 2); El Criterio (Salamanca, p. 2); El Imparcial (Madrid, p. 2).

—15.06.1892: El Diario de Murcia (p. 2).

—23.09.1893: La Vanguardia (Barcelona, p. 3).

La cerca-muralla de Mucientes

Los estudios arqueológicos han documentado la presencia humana desde hace al menos 100.000 años en los alrededores del actual casco urbano de Mucientes. Restos líticos, metálicos y cerámicos de épocas diversas invitan a pensar en una continuidad poblacional desde el paleolítico hasta hoy, seguramente en pequeñas comunidades y en asentamientos diferentes.

En la Alta Edad Media (siglo V a X), el núcleo podría estar en el altozano donde están excavadas las bodegas que hoy llamamos de san Antón, alrededor de lo que fue el desaparecido templo y necrópolis de san Miguel. Allí aparecieron “dos galbos cerámicos hechos a torno y cocidos con tonalidades grisáceo-negruzcas, con superficie bruñida al exterior” que el historiador Carlos Duque data en aquella época.

Con la “Reconquista”, gentes llegadas de la cornisa cantábrica van poblando los territorios que los reyes astures arrebataron a los árabes. En tiempos de incursiones bélicas constantes, aquellos que se asientan en Mucientes eligen la protección natural de un promontorio situado medio kilómetro al Norte del asentamiento de san Miguel. Según el informe de la excavación del castillo (Aratikos, 2008), a finales del siglo X o principios del XI ya estaría construido “un primer recinto fortificado de dimensiones reducidas”, probablemente una torre de madera o tapial y una cerca terrera, “defendido por sus lados Sur y Oeste por la propia pendiente del terreno y el resto por un foso”.

Si en el extremo Oeste del promontorio se levantó el castillo, en el borde Oeste pronto se construiría la iglesia. Entre ambos edificios y adaptándose a las curvas de nivel, se van trazando las calles y levantando una modesta muralla para proteger el incipiente casco urbano.

Cuando las amenazas invasoras desaparecen y terminan las disputas entre los reinos de León y de Castilla, la muralla se convierte en cerca y se transforma en límite fiscal. Prohibida la construcción de viviendas extramuros, la necesidad de nuevo suelo urbano obliga a ir desplazando la barrera hacia el suroeste. Se mencionan obras por primera vez en un documento del año 1326. Su trazado definitivo (siglos XV y XVI) coincide básicamente con las actuales rondas de las fuentes, las huertas y del castillo.

La Cerca tenía tres puertas: la de san Pedro, orientada al Este –la más antigua y controlada desde la vieja torre fortaleza de la iglesia–; la de san Martín –la plaza donde se levantaba conserva la denominación de “el arco”–, al Sur; y la de san Vicente, la última en abrirse, al Oeste.

En las calles Mayor y san Vicente se conservan algunas estructuras pétreas que Duque señaló como posibles restos de los cubos. Solo se mantiene visible y perfectamente identificable un trozo del lienzo Norte de la vieja muralla en la ronda del castillo, tras la acertada restauración acometida en 2007 por el Aula Museo Paco Díez.

Muro conservado por el Aula Museo Paco Díez.

Felipe Panedas. Mucientes, 03.06.2020

Mucientes y la DO Cigales en la exposición vinícola nacional de 1877

El rey Alfonso XII firmaba el 15 de septiembre de 1876 un Real Decreto ordenando al ministro de fomento –en aquel momento Francisco Queipo de Llano, con Cánovas de presidente del gobierno– que se pusiera manos a la obra para organizar una Exposición Nacional de Productos Vinícolas, que permitiera “conocer las clases de mostos, madres, vinazas, heces, posos y caldos que se forman y extraen de los productos de la agricultura española; las bebidas que de ellos se fabrican; los procedimientos que se usan para la elaboración y conservación de los vinos…” La muestra habría de organizarse “en la capital de la Monarquía Española”, comenzando el día “1.° de Abril de 1877, y quedará cerrada el 30 de Junio del mismo año”.

Los mandatarios nacionales se sumaban así a una manera renovada de comercio ferial y convocaban una exposición que seguía la estela del entusiasmo expositivo que recorría Europa y América desde mediados del siglo XIX: Londres (1851), París (1867), Viena (1873) o Filadelfia (1876) habían impresionado al mundo con sus ferias internacionales.

Pero “conocer los caldos de España” o un trimestre de relumbrón público para los organizadores no fueron las únicas razones –ni acaso las principales– que motivaron a la Dirección General de Agricultura (el Ministerio no nacería hasta 1933) a impulsar aquel inmenso evento. Un dato económico contenido en los preliminares del Real Decreto puede ser indicio de la verdadera razón que interesaba para impulsar la industria vitivinícola en ese momento:  “En 1849, época á que se refiere la primera Balanza de Comercio publicada por el Ministerio de Hacienda, el valor exportado de los productos de la vinicultura ascendió á la cifra de pesetas 35.552.333, mientras que en 1872, fecha á que se contrae la última, subió á 174.480.649 pesetas”, es decir, en veintitrés años se habían multiplicado por cinco la entrada de divisas por la venta de vino al extranjero.

Además, un segundo factor parecía señalar que ese crecimiento no sería pasajero: la plaga de la Filoxera ya llevaba casi un decenio mermando las producciones de vino en Portugal, Alemania, Austria y, sobre todo, Francia. Mientras, las viñas nacionales se las prometían felices y parecían a salvo de aquella peste: hasta 1878 no se detectaría –en la provincia de Málaga– el primer caso español.

Ante esas halagüeñas perspectivas, nada mejor que montar un gran escaparate que asombrara al mundo y confirmara que los vinos españoles “obtienen tal superioridad que ninguna otra nación se atreve á disputársela”, incluyendo la “maquinaria y utensilios especiales que hoy se aplican á esta clase de trabajos, y entre los que se cuentan muchos inventados y elaborados en España, superiores á todo lo que en este punto se usa en los demás países” (los entusiastas textos entrecomillados proceden de la exposición de motivos y consideraciones que el ministro Queipo de Llano presentó al rey).

 

El gran escaparate

El 19 de noviembre de 1876 se aprobó el reglamento general de la Exposición, describiendo las atribuciones de cada cual en Madrid y las de las comisiones provinciales que se crearían, detallando las obligaciones de los expositores y el espacio donde se desarrollaría el evento: “en la manzana del plano de ensanche de Madrid que poseen los herederos del Sr. Indo” (en lo que hoy es el nº 33 del paseo de La Castellana)” distribuyendo los capítulos expositivos por las doce salas del edificio principal.

En las semanas siguientes se van dando a conocer otros detalles aparentemente menores: el transporte del vino desde los lugares de origen hasta Madrid “había de ser a cuenta del estado”, el ayuntamiento de la capital renuncia a cobrar los “derechos de Consumo”, se publicará un gran catálogo general…

A pesar de las previsiones iniciales, la muestra no se inauguró hasta el día 30 de abril, con “la mayor pompa oficial que puede prestar el Estado. El Rey, los ministros, cuerpos diplomáticos… convidados en número de cuatro mil personas…”

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La inauguración en la portada de La Ilustración española y americana (08.05.1877)

Valladolid

La generalidad de los productos procedentes de Valladolid se decidió que fueran expuestos en la sala 10, sobre una “serie de arcos contra el muro y sobre pilastras, descansando el conjunto sobre una base de barrilería”. Los expositores principales de la provincia, como el conde de La Patilla, los hermanos Eloy y Augusto Lecanda o León Padierna, tendrían su espacio diferenciado en otras salas.

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De izq. a dcha.: instalaciones de Padierna, de Lecanda hermanos y general de Valladolid.

Con todos los datos sobre la mesa, en 1878 se publicó el Estudio sobre la Exposición Vinícola Nacional de 1877, una amplísima memoria que presenta desconcertantes contradicciones con el Catálogo General editado el año anterior. Parece ser que las autoridades o los funcionarios vallisoletanos estuvieron poco diligentes a la hora de remitir la información que les demandaban, hasta el punto de que el secretario de la Junta de Agricultura, Francisco Arranz, se lamenta amargamente de haber tropezado con inmensas dificultades en la provincia llegando a asegurar que los datos técnicos recogidos “poca o ninguna fe deben inspirar”.

Hecha esa advertencia, señalar que según los datos del Estudio, por Valladolid, que entonces dedicaba 51.519 hectáreas al viñedo, se presentaron 244 expositores (en el Catálogo aparecen más de el doble: 576) con un total de 330 muestras. Aunque la inmensa mayoría de esas muestras estaban en la categoría de “vinos de capa”, se pudieron ver también aguardientes, ginebras y preparados tan sugerentes como aceite de anís y rosa escarchada, licor El Dos de Mayo, Crema Duque de la Victoria, Curaçao, Marrasquino-anisete, cremas de café y de ron, perla de anís, Café Moka, y hasta un elixir al que denominaron Alfonso XII.

En total acudieron 65 municipios, repartidos por toda la geografía provincial, incluyendo producciones de lugares que hoy, casi siglo y medio después, nos parecen vinícolamente sorprendentes: Mayorga, Villabrágima, Rioseco, Villalón, La Cistérniga… Como era de prever, el mayor número de expositores vallisoletanos procedían de localidades que actualmente están en las Denominaciones de Rueda –especialmente Nava del Rey– y Ribera del Duero. No fueron importantes los premios concedidos en relación a la numerosa representación provincial, el más destacado fue el diploma de honor “A D. Eloy Lecanda [propietario de la finca Vega Sicilia] por la importancia de su comercio de exportación en aquella provincia”.

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Denominación Cigales

Excepto Quintanilla de Trigueros, todos los municipios de la Denominación de Origen Cigales estuvieron representados en mayor o menor medida. Hay que lamentar que también aquí se carezca de la información detallada que ofrecen otras comarcas. Solo un vinatero, Valentín Llanos Gutiérrez (que fue premiado con una medalla de mención), domiciliado en la calle Serrano de Madrid y con la explotación en Cigales, aporta una explicación detallada sobre la manera en que elaboraba sus vinos y sobre las variedades de uva que mezclaba en su “vino tinto de pasto, llamado clarete ú ojo de gallo: dos terceras partes de la uva blanca llamada albillo, y una tercera de la que se conoce con el nombre de tinto de Aragón”; Llanos vendía los 50.000 litros que producía anualmente en “las provincias de Palencia, León, Santander y Asturias, especialmente en pueblos de montaña”.

Según el Catálogo General, la comarca de Cigales presentó 86 expositores con 90 muestras: 40 vinos tintos, 4 blancos, 45 claretes y 1 vinagre. Con los números a la vista y a ojos de hoy, hay al menos, dos curiosidades destacables: que Fuensaldaña sea la localidad con más vinateros presentados (18) y que el número de vinos tintos (40) y de claretes (45) sean tan parejos.

A grandes rasgos, y sin datos concretos del pago vallisoletano de El Berrocal, este sería un resumen por municipios (aparecen destacados en negrita los vinateros que aparecen tanto en el Catálogo como en el Estudio):

  • Cabezón de Pisuerga. 1 vino blanco y 10 claretes. 10 expositores: Alonso (D. Esteban); Escribano (D. Juan); García (D. Mariano); González (D. Ángel); Malfaz (D. Agustín); Malfaz (D. Isidoro); Red (D. Baltasar De La); Revilla (D. Antonio); Villaverde (D. Rafael); Zunzunegui (D. Ángel).
  • Cigales. 4 tintos y 10 claretes. 13 expositores: Barriga (D. Mariano); Camazón (D. Donato); Conde (D. Abelardo); Conde (D. Bruno); Conde (D. Vicente); Díaz (D. Liborio); Llanos (D. Valentín); Malfaz (D. Antonio); Malfaz (D. Eulogio); Moral (D. Ciriaco); Padilla (D. Bernardino); Pérez (D. Mariano); Sanz (D. Valentín).
  • Corcos del Valle. Se presentó el Gremio de Cosecheros de Corcos, con un clarete.
  • Cubillas de Santa Marta. 1 tinto y 5 claretes. 6 expositores: Aguado (D. Pedro); Alonso (D. Gregorio); Fernández (D. Esteban); Gil (D. Sinforoso); José (D. Félix); Tadeo (D. Antolín).
  • Dueñas. 2 tintos (uno de ellos moscatel) y 1 clarete. 2 expositores: Cachurro Hermanos; García Martín (D. Francisco).
  • Fuensaldaña. 16 tintos, 1 blanco y 2 claretes. 18 expositores: Apolis (D. Leonardo); Cor (D.ª Ezequiela); Conde (D. Venancio); García (D. Cirilo); García (D. León); Hernández (D. Bartolomé); Lebrero (D. Alejandro); Montiano (D. Santiago); Montuno (D. Valeriano); Morán (D. Manuel); Parrado (D. José); Parrado (D. Victoriano); Placer (D. Laureano); Príncipe (D. Santiago); Rodríguez (D. Antonio); Santos (D. Ignacio); Varea (D. Roque); Villalba (D. Doroteo).
  • San Martín de Valvení. 3 tintos. 3 expositores: López (D. Juan); Regalado (D. Pedro); Vallejo (D. Eustaquio).
  • Santovenia de Pisuerga. 1 clarete, presentado por Ruiz (D. Nicomedes).
  • Trigueros del Valle. 1 tinto, 1 blanco y 10 claretes. 12 expositores: Álvarez (D. Vicente); Caballero (D. Luis); Coca (D. Mariano); Esteban (D. Eleuterio); Gómez (D. Juan); Gutiérrez (D. Mauricio); Marquina (D. Quirino); Pastor (D. Juan); Prieto (D. Santiago); Santiago (D . Gregorio); Tobar (D. Felipe); Villafámez (D. Mariano).
  • Valoria la Buena. 8 tintos y 3 claretes. 11 expositores: Bustos (D . Francisco); Camino (D. Julián); Camino (D.ª Teresa); Gutiérrez (D. Esteban); Milla (D. Fermín); Monedero (D. Eusebio); Pinto (D. Lucio); Prado (D. Cesáreo); Quevedo (D. Andrés); Quintero (D . Gonzalo); Revuelta (D. Tomás).

Mucientes

Carlos Duque señala en su libro Vino, lagares y bodega, que desde 1870 y durante los tres lustros siguientes en toda la zona tuvo “lugar una euforia en los precios del vino, por lo que se asiste a la plantación de viñedo nuevo”. Si en 1818 se dedicaban en Mucientes al viñedo 800 obradas (aproximadamente 400 hectáreas), en 1881 se llegó a las 568 hectáreas. Esa euforia venía precedida de una gran victoria: en 1865, con el azufrado llegó el tratamiento definitivo contra el hongo del Oídio que había aparecido por primera vez en la cuenca del Duero diez años antes.

En medio de aquel ambiente optimista, nueve vinateros de Mucientes se anuncian en la exposición nacional presentando cinco vinos tintos, dos claretes, un blanco y un vinagre de clarete.

Mientras el precio medio de los vinos blancos y tintos en Valladolid era de 20,17 pesetas/hectolitro (100 litros), y en España 20,95, los caldos mucenteños se vendían en bodega [bod.] por un importe inferior y bastante uniforme: 15-16 pesetas/hect. de tinto y clarete; 19 pesetas el vino blanco; y el vinagre, lo más caro, a 25 pesetas. Los vinateros ofrecían también la posibilidad de transportarlo hasta la estación [est.] de ferrocarril (seguramente la de Cabezón), con un pequeño incremento. Los productores –y una productora– fueron los siguientes:

  • BARRIGÓN (D . Pablo). Vino tinto, a 15 ptas. hect, en bod. y 15,50 en Est.
  • ESCUDERO (D. Eusebio). Vino tinto, a 15 ptas. hect. en bod. y 15,50 en Est.
  • ESCUDERO (D. Victoriano). Vino blanco, a 19 ptas. hect. en bod. y 20 en Est.
  • OLMEDO (D. Agustín). Vino clarete, a 15 ptas. hect. en bod. y 16 en Est.
  • RODRÍGUEZ (D. Fernando). Vino tinto, a 15 ptas. hect. en bod. y 16 en Est.
  • RUIZ (D. Antonio). Vino tinto.
  • SARABIA (D. Juan). Vinagre clarete, a 25 ptas. hect. en bod. y 25,50 en Est.
  • VACA (D. Juan).Vino clarete, a 16 ptas. hect. en bod. y 17 en Est.
  • VALIENTE (D.ª Rosalía). Vino tinto, a 15 ptas. hect. en bod. y 15,50 en Est.

Como es conocido y como si de una borrachera se tratara, la alegría fue efímera. El principio del fin de aquellos quince años de expansión llegaría con un nuevo hongo, el Mildiu, y más tarde con la casi definitiva Filoxera.

Felipe Panedas. Mucientes, 24.05.2020

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Exposición Nacional Vinícola de 1877: idea general de las salas e instalaciones, 1877.

Exposicion Nacional Vinícola de 1877:catálogo general, 1877.

Estudio sobre la Exposicion Vinícola Nacional de 1877, 1878. [Es interesantísima la descripción de las labores de viña y bodega en la provincia de Valladolid que relata Francisco Arranz y Sanz, (parte decima, capítulo VI a capítulo XIII, pp. 783 y 784)].

Diponibles en: http://www.bne.es

DUQUE, C. (2006): “Vino, lagares y Bodega”.

El sindicato agrícola de 1919: “Unos por otros y Dios por todos”

El jueves 15 de mayo de 1919, festividad de san Isidro, en un ambiente de gran expectación y “estando muy concurrido de agricultores y propietarios castellanos”, se presentó públicamente el recién constituido Sindicato agrícola católico san Isidro labrador de Mucientes. La presencia de invitados ilustres alargó la celebración durante todo el día: misa mayor, procesión, comida y un “mitin de acción social agraria” que contó con un nutrido plantel de oradores: Rafael Alonso Lasheras, presidente en Valladolid de la Federación de sindicatos agrícolas católicos; Pedro León Pernía, presidente de la Federación agrícola de Castilla la vieja; Jesús González Garrido, diputado provincial; Amando Valentín, abogado; y Ramón Valverde, presidente de la agrupación local recién nacida.

Para conocer con más detalle los objetivos del Sindicato que adoptó como lema “Unos por otros y Dios por todos”, Carlos Duque resume en “Mucientes: Historia y Arte” (pág. 148) el reglamento aprobado el 10 de enero de 1919.

La fundación del sindicato mucenteño, heredero de una asociación que con mayor o menor actividad venía funcionando en el municipio desde 1907, se enmarca dentro de una gran operación expansiva puesta en marcha en 1917 con la creación de la Confederación Nacional Católico-Agraria, nacida como respuesta y vacuna rural a las revoluciones proletarias urbanas que se extendían por el mundo.

En ese ambiente social complejo, con dos corrientes ideológicas contrapuestas e irreconciliables –la lucha de clases frente al verticalismo corporativo–, hay que contextualizar el artículo que el escritor Francisco Mendizábal publicó en el Diario Regional (periódico que se intituló “para la defensa de los intereses católicos”) laudando la iniciativa. El texto apareció en la edición del día 21 de mayo de 1919, dentro de la sección “Por Castilla”. [Debo agradecer al profesor Jesús Urrea que me facilitara el artículo].

ESE ES EL CAMINO

“El que esto escribe, tiene contraída una deuda de gratitud con los entusiastas y laboriosos agricultores de Mucientes. Sin otra tardanza ni demora, quiere cumplirla hoy, que no es bien que por mucho tiempo se tengan sin saldar los débitos que imponen la más sentida gratitud.

La hidalguía castellana, nunca desmentida, ha deparado al cronista, narrador otras veces de viejos hechos, una linda ocasión de observar uno actual, y narrarlo y comentarlo como Dios le dio a entender.

El pueblo de Mucientes, a dos pasos de Valladolid, acaba de sindicarse a lo católico, quiero decir, acaba de instaurar en él esa gran máquina que la acción social, bien dirigida y rectamente encauzada, implanta para honra y provecho de agricultores; propietarios, colonos y braceros.

Tal es la noticia en escueto que, con más detalles y pormenores leyó en su día el lector en DIARIO REGIONAL. Una feliz coincidencia nos ha juntado en Mucientes con los propugnadores y ejecutantes de la benemérita obra. Y hemos advertido que la satisfacción y el entusiasmo han hecho latir como uno todos los corazones de Mucientes. A un lado partidismos y credos, se han juntado en apretado haz para celebrar un triunfo de conjunto: el establecimiento de su Sindicato Católico.

Y ese entusiasmo sin distinción de matiz ni procedencia no ha decaído un instante, desde el acto de la misa a flor de mañana –que con éste buen comienzo se ha iniciado tan buen día y tan fecunda labor– hasta el eco postrero del último discurso del gran mitin agrario, a ras de noche.

Mucientes ha nacido en este día feliz a una realidad bienhechora, ha sacudido el marasmo en que yacía como tantas otras villas castellanas, y ha comenzado la noble tarea de su propia redención.

El cronista ha observado durante su breve estancia en Mucientes que el espíritu de solidaridad cristiana palpita vigorosísimo. Y a su incentivo, huérfana la villa como toda Castilla del amparo y del poder de quienes debieran dárselo y no se lo dan, ha creado con la ayuda de hombres modestos, abnegados, altruistas, inteligentísimos, pero sin bombos ni platillos, un sindicato católico-agrícola, similar a tantos otros que la acción social católica, única verdadera, sin trampantojos de política al uso, ni dobles procedimientos de trampolín para saltos de altura premeditados y estudiados, va implantando por Castilla, haciéndola revivir y dándola su antigua presencia.

Ya funciona en la simpática villa de Mucientes un sindicato católico-agrícola. Y esto que se dice en dos palabras, dice mucho. Dice que en Mucientes hay un seguro agrícola, que el humilde labrador, víctima de las garras de la usura, obtendrá cuantos préstamos le sea necesario, por poco más que nada; que en la era, o, antes, en el rastrojo, no pasará atosigo, instado sin piedad por el endemoniado prestamista que le dio un anticipo al ciento por cincuenta; que venderá su trigo y su cebada a un precio remunerador cuando sea su tiempo, y no apenas aventado y mal limpio…

Que la vida de aquí en adelante, le será más fácil y adquirirá lo que necesite con grandísima ventaja, pues él será a un tiempo comprador y vendedor, que para todo, en fin, absolutamente para todo, se mancomunará, así en riesgos como en ganancias, con sus amigos y sus convecinos, y el odio y la rencilla y la malquerencia huirán, vergonzantes; y el amor cristiano, que es darte a ti lo que para mí quiero y no desearte lo que para mí no deseo, hará el milagro de unir a todos los de Mucientes y de esa unión cordial y sincera surgirá su fuerza y su personalidad.

Mucientes tiene ya su sindicato católico-agrícola. Tomen buena nota de ello las demás villas castellanas. De esta suerte, sólo de esta suerte, resurgirá Castilla. Ese es el camino.

¡Bienhayan esos hombres de la Acción católico-social, que nada quieren para sí, por su meritísima labor! Hora es ya de que alguien se acuerde de Castilla con eficacia y verdadero amor.

Desde hace mucho tiempo Castilla está muerta. Abandonada del Poder, sin la fuerza que la diera una imposición brutal, que la labor de la arada y la trilla, va mal con las huelgas y los plantes ¡ay de todos sí una vez la hubiera! amansada y sufrida, sólo se han acordado de ella, hasta aquí, los poetas y los políticos de gremiería; aquéllos para cantar sus tierras pardas, sus campo grises, sus mieses rubias… y sus surcos rojos ¡todo el arco iris!… y los políticos al uso para tomarla como campanario fácil y echar a vuelo las campanas del castellanismo y aún del agrarismo, cantando también odas al campo en sus manifiestos electorales pero huyendo del rápido de él rápido como el rayo, una vez conseguida el acta, en cuyo instante eso del agrarismo es ya palabra huera que nada significa ni compromete a nada…

Pero la experiencia es madre de la ciencia, dice un refrán muy español, y muy castellano, por añadidura…”

FRANCISCO MENDIZÁBAL

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Francisco Mendizábal García (1885-1976) –cronista de la ciudad de Valladolid desde 1920–, fue archivero y director de la Real Chancillería, miembro de las Reales Academias de la Lengua, de la Historia y de Bellas Artes de la Purísima Concepción. Hijo predilecto de Valladolid y Medalla de oro del Trabajo.

Felipe Panedas. Mucientes, 14.05.2020

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Diario Regional. 21.05.1919

El Progreso agrícola y pecuario. 22.05.1919.

C. DUQUE HERRERO (1997): “Mucientes: Historia y Arte”.

F. FERNÁNDEZ GORRINDO (1978): “La Federación de Sindicatos Agrícolas Católicos de Valladolid (1915-1936)”. Memoria de licenciatura.